Un poco de historia para comenzar
El Trabajo Social ha evolucionado a lo largo de la historia en un diálogo constante con los contextos políticos, sociales y económicos de las diferentes épocas y lugares. En sus orígenes, tanto en Chile como en el resto del mundo, la profesión fue concebida como una respuesta a las desigualdades generadas por la Revolución Industrial y la expansión de las sociedades urbanas. A lo largo de los siglos XIX y XX, emergió como un campo profesional esencial para abordar las profundas brechas sociales, inicialmente a través de enfoques asistencialistas, pero progresivamente orientándose hacia una perspectiva crítica y transformadora.
Orígenes globales y su evolución
En el contexto internacional, el Trabajo Social se consolidó como una disciplina en el siglo XIX, especialmente en los Estados Unidos y Europa. La figura de Jane Addams en Chicago, con su enfoque en el habilitamiento comunitario y la creación de espacios de integración social, marcó un hito en el pensamiento social. Desde entonces, la profesión fue evolucionando para abarcar las necesidades de un mundo cada vez más interdependiente, enfrentado a los desafíos de la industrialización, las migraciones y los conflictos sociales.
En Europa, el Trabajo Social emergió a fines del siglo XIX como una respuesta a la pauperización de grandes sectores urbanos debido a la Revolución Industrial, con un enfoque centrado en la caridad y la asistencia. Sin embargo, a lo largo del siglo XX, particularmente con la influencia de teorías como el marxismo y el funcionalismo, comenzó a estructurarse como una práctica profesional más centrada en la justicia social, la equidad y el cambio estructural.
El Trabajo Social en Chile
En Chile, el Trabajo Social tiene una historia que se entrelaza con los procesos de modernización social y política del país. En los años 30 y 40, el Trabajo Social comenzó a profesionalizarse, especialmente con la creación de la Escuela de Trabajo Social en la Universidad de Chile (1945), bajo la influencia de tendencias internacionales progresistas. El contexto político, marcado por la consolidación del Estado de Bienestar y las luchas por la justicia social, propició el crecimiento de esta disciplina como herramienta para abordar las desigualdades estructurales, principalmente en áreas urbanas y rurales.
Durante las décadas de 1960 y 1970, el Trabajo Social en Chile experimentó una fuerte radicalización en sintonía con los procesos políticos de la época, especialmente con el movimiento popular y la Unidad Popular. Las trabajadoras sociales, como parte del proyecto de transformación social, asumieron roles clave en la promoción de derechos sociales y en la lucha contra la exclusión.
Sin embargo, con el golpe de Estado de 1973 y la instauración de la dictadura de Pinochet, el Trabajo Social sufrió un golpe brutal en sus funciones. La represión y el control social transformaron a la profesión en un campo de resistencia, en la clandestinidad, pero también en una herramienta de contención en los sectores más vulnerables.
En las últimas décadas, el Trabajo Social en Chile se ha consolidado como una profesión crítica y propositiva, que no solo busca la intervención en situaciones de crisis, sino también la transformación estructural a través de la gestión de políticas públicas, la defensa de los derechos humanos y la promoción de la justicia social. El impacto de la profesión se hace aún más evidente en contextos como la salud pública, la educación, la justicia, la niñez y la adultez mayor, donde las trabajadoras sociales desempeñan un rol esencial en la articulación de redes de apoyo y el fortalecimiento del Estado de bienestar.
El Trabajo Social como herramienta fundamental
El Trabajo Social es esencial por su capacidad para intervenir en el tejido social de manera crítica y humanista. La profesión, lejos de ser un mero agente de asistencia, se ha transformado en una herramienta crítica que desafía las estructuras de poder y cuestiona la naturalización de las desigualdades. En este sentido, el Trabajo Social no es una profesión neutral, sino que es profundamente política. Como señala Michel Foucault, las estructuras de poder están presentes en todos los aspectos de la vida social, desde la legislación hasta las prácticas cotidianas. El Trabajo Social, entonces, se convierte en un medio para visibilizar estas estructuras y buscar nuevas formas de organización social, más inclusivas y equitativas.
El papel de las y los trabajadores sociales en la actualidad debe entenderse como el de un agente de cambio. Ya no se limita solo a acompañar a los individuos en situaciones de crisis, sino que también juega un papel fundamental en la redefinición de políticas públicas y en la promoción de derechos sociales. El Trabajo Social se ha convertido, por tanto, en una disciplina que no solo asiste, sino que cuestiona las bases mismas de las estructuras sociales, demandando transformaciones a nivel micro y macro.
La justicia social es el eje central de nuestra práctica. Como bien señala Nancy Fraser, la justicia no es solo una cuestión de distribución, sino también de reconocimiento. Las trabajadoras sociales, por tanto, no solo buscamos una distribución más equitativa de los recursos, sino que también trabajamos para reconocer a los individuos y colectivos como sujetos de derechos, en una constante lucha contra la opresión.
La importancia del Trabajo Social en el contexto actual
En un mundo cada vez más marcado por la globalización, las crisis económicas y los desafíos medioambientales, el Trabajo Social juega un papel crucial en la construcción de comunidades resilientes y sostenibles. La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de los sectores más desfavorecidos y la necesidad de reforzar la solidaridad social.
Hoy más que nunca, las trabajadoras sociales necesitamos reafirmar nuestra relevancia, no solo como profesionales que intervienen en crisis, sino como agentes que promueven una sociedad más justa, que desafía la inequidad y la violencia estructural. La profesión sigue siendo, en este contexto, una herramienta transformadora que articula el cambio social a partir de la intersección entre lo individual y lo colectivo.
Siempre me ha parecido fundamental mirar la historia con una mirada crítica, sobre todo cuando estamos tan sumidos en la práctica diaria. Recordar de dónde venimos me permite no solo entender cómo ha evolucionado nuestra profesión, sino también reafirmar el propósito que guía lo que hacemos. Cada desafío, cada avance que el Trabajo Social ha tenido a lo largo de los años, me recuerda que nuestra labor no es solo asistir, sino transformar.
Reflexionar sobre el camino recorrido me conecta con las luchas del pasado, pero también me impulsa a seguir cuestionando el presente y construyendo un futuro más justo.
Francisca Rosales A.
Trabajadora Social, Mg. Gestión en APS
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